5 sept. 2014

Pablo Neruda y el adiós.

Siempre fui una apasionada de la poesía, aunque no todo el mundo ve poesía donde la vea yo, porque para mi poesía es, por ejemplo, cada letra de Kutxi Romero. Hoy voy a poner una que si compartirá mucha gente conmigo que es preciosa, triste pero preciosa. Pertenece al libro "20 poemas de amor un una canción desesperada", de Pablo Neruda. Este es el poema número 20, y siempre me ha gustado mucho, creo que es posible incluso que lo haya puesto antes en este blog. Para mí expresa muy bien lo que se puede sentir al saber que ya no importas a alguien que te importa, y me parece una bonita despedida, en soledad, para uno mismo, una aceptación de que ya no te aman. Un amigo mío que para mí también es un poeta, me dijo una vez que sólo cuando se tienen fuertes sentimientos se escriben cosas que llegan a la gente y que retienen en su recuerdo. Yo creo que a los poetas no les importa lo que piense la gente, que escriben para ellos y la fuerza de lo que escriben llega a otros casi sin quererlo.

Si yo tuviese que despedirme hoy de alguien a quien amo, elegiría sin duda esta poesía, que dice en uno de sus versos "ya no la quiero", y justo esa negación muestra más que ninguna otra cosa el amor que sentía mientras componía esta poesía. Cuando sentimos que nos han dejado de querer, ese ya no te quiero es la coraza con la que nos defendemos. Yo no sé escribir poemas, ojalá tuviese arte para eso y usase los míos en vez de cogerlos prestados.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.



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