Hace muchos años que escribo este blog, es el lugar a donde acudo cuando me siento mal para desahogarme porque sé que nadie entre mis conocidos conoce su existencia. Es solo un blog entre millones, que no tiene utilidad alguna; no hay recetas, no hay información de nada... No hay nada. Sólo hay de utilidad letras de canciones, pero entre la última que he puesto y la anterior han pasado creo que años.
En estos días oscuros, he escrito y borrado y vuelto a escribir, al ritmo de mis emociones. Las emociones son lo que hace que la vida valga algo, pero también son un infierno cuando no las podemos controlar y traen dolor. A ratos he pensado que todo estaba bien y superado, a ratos he pensado que no podría asimilarlo en mucho tiempo, a ratos he sentido ira y odio, a ratos solo sentía una tristeza que me helaba el alma. Es un tópico pero es verdad: la razón y el corazón muchas veces están en conflicto, y a ratos una u otro gana la batalla solo para emprender una nueva.
Hoy salí un rato por la mañana, sigo de baja pero si me quedo aquí sola es mucho peor. Teóricamente pasé un buen rato, pero en cuanto emprendí la vuelta me vine abajo. Había ido a conocer a una persona y la impresión debiera haber sido buena, pero yo estaba ahí sentada hablando con él y al mirarlo solo pensaba en que esa no era la cara que yo quería ver. Quise coger un atajo, empezar rápidamente a actuar como si nada hubiese pasado hace sólo unos días, y me he dado cuenta de que no puedo.
La razón me dice que nunca volveré a verle y que no debo volver a verle, que no hay solución, que si siguiera volvería a pasar una y otra vez hasta odiarnos. La razón me dice que él es así y no puede ni quiere cambiar, y que yo no sé manejar esa situación. Aunque supiera manejarla, no puede depender solo de mí que no haya una ruptura cada mes.
El corazón me dice que es con él con quien quiero estar y no abrirá sus puertas a ningún otro. Que espere, que él me quiere y que tarde o temprano lo recordará y recordará como lo quise yo y que sigo queriéndolo.
La razón me dice que solo hace un año que lo conozco y tan solo dos meses que decidimos estar juntos, y en ese tiempo ya hubo otra ruptura. Me dice que es muy poco tiempo, que le doy una importancia que no tiene, que sentirme como me siento es propio de adolescentes no de personas adultas.
El corazón me dice que si me estoy comportando como una cría es porque me enamoré como una cría, le acepté y amé hasta sus defectos. Me dice que lo que sentía cuando me abrazaba, cuando hacíamos el amor, simplemente al verlo esperando frente a mi trabajo... todo eso era auténtico, y que no quiero perderlo. Cuando es ese sentimiento el que gana la batalla me siento tan mal que solo quiero teletransportarme en el tiempo a cuando ya haya dejado de doler.
La razón me dice que jamás funcionará, que da demasiada importancia a lo que piensen los demás y, lo que es peor, cree que me influye lo que puedan pensar los demás. Me dice que cree que no encaja en mi mundo porque hemos vivido de forma diferente aunque ahora llevemos el mismo camino, y también cree que yo no puedo encajar en el suyo. Me dice que está lleno de miedos y se protege tras un muro que nunca podré derribar. Si no puedo hacerlo, realmente nunca podré llegar a él.
El corazón me dice que el amor mueve montañas, que aprenderá a confiar en mí, que aprenderá que no porque me enfade le dejo de querer. Me dice que aprenderá a recordar, cuando le pueda el mal genio, quien soy. Me dice que si decide volver le abra las puertas.
La razón me dice que él no volverá porque no me quiere, que si me hubiese querido no me habría tratado así. Me dice que en la frase "yo estoy muy bien solo" me dijo todo lo que me tenía que decir.
Yo estaba bien sola, en mis rutinas, entretenida con mis cosas; pero la vida no es solo no estar mal. La vida merece la pena de ser vivida plenamente, y no hay vida plena si eliminas el amor de la ecuación. Ahí se ponen de acuerdo la razón y el corazón. Estaba muy bien sola porque no había nadie con quien realmente quisiera estar.
Quisiera ser como él, tan tajante e inflexible, que no me importara, que estos pensamientos no ocuparan mi mente. No tiene sentido pensar en qué estaba mal si ya no habrá ocasión de solucionarlo. Es como empeñarse en entender por qué te saliste de la curva cuando el coche es siniestro total y tú estás en el hospital tratando de sobrevivir. No importa por qué pasó si ya nada se puede hacer. En realidad no sé como está él y eso es una bendición, porque algo dentro de mí me dice que no ha derramado una sola lágrima. No es que le desee sufrimiento, es que eso significaría que no siente nada.
Las cosas que me dijo aquella noche y como me trató pasan ante mí una y otra vez. Por no querer molestarle, porque no dejara de hacer lo que quería hacer, salí antes que él y cuando llegó ya estaba cansada, y me culpa de que le hice venir para muy poco rato; vino el rato que quiso venir, si por mí hubiera sido nos habríamos ido juntos cuando salí del trabajo. Me culpa de que tuve problemas y lo hablé con otra persona y no con él, cuando su frase más repetida es que no quiere problemas; yo debía adivinar qué problemas si quiere y cuales no. Me culpa de sentirme mal y tratar de justificarme por cosas de mi pasado, pero me dice continuamente que esas cosas para él son intolerables, que si vuelven a pasar me dejaría. No soporta que le dejen de hablar, si algo pasa hay que decirlo; pero cuando es él quien debiera hablar se cierra y toma decisiones por su cuenta ignorándome. Me acusa de querer que deje sus aficiones, pero yo jamás he dicho eso porque no es lo que quiero; sólo quiero que cuente conmigo, que recuerde que yo existo y me reserve mi tiempo. Vino con una decisión ya tomada de dejarme, y me dijo que lo estaba dejando yo.
Cuando el hombre a quien quieres te dice todas esas cosas, es frío contigo y ni te contesta cuándo preguntas por qué al planificar su tiempo ni te tuvo en cuenta ni te dijo al menos que estaba pensando hacer, cuando se te junta todo eso, es como si de pronto tuvieses en frente un extraño, te sientes tan sola y tan perdida que solo puedes irte, escapar de esa situación.
Sé que con el tiempo lo superaré, miraré frente a frente lo que ha pasado y comprenderé que mejor pronto que tarde si no había posibilidad de ser felices, pero por mucho tiempo que pase no creo que deje de pensar en que encontramos algo que es casi imposible encontrar, y más a nuestra edad, y lo dejamos perder. Supimos querernos como críos, no supimos gestionarlo como adultos.
Mucha gente, los más jóvenes e incluso los de nuestra edad, llegan a pensar que a partir de los 50 ya no existe el amor ni la pasión, que la gente se junta solo para no estar solos. Os digo que es mentira, que yo le quise y le desee desde el primer beso. Que nadie os convenza de que por ser mayores ya no tiene sentido encontrar a quien querer y que os quiera. Podéis pensar "si tan mal lo estás pasando, no debieras recomendar a nadie embarcarse en eso". Sí que lo recomiendo, porque no hay nada mejor en la vida. Aquellos que recomiendan soledad y proclaman que es como mejor se está, son aquellos que están solos porque no encuentran a nadie, pero quieren que parezca decisión propia, o aquellos que están atrapados en una mala relación y no tienen lo que hay que tener para terminarla.
Cuando realmente quieres a alguien y estás bien con él, no te hace falta restaurante de tres tenedores ni hotel de cinco estrellas; con un bocadillo y una cerveza de la nevera eres la persona más feliz del mundo, y si el cuarto está limpio es vuestro palacio aunque sea lo más cutre que se pueda imaginar. Cuando quieres a alguien, solo acariciar su mano bajo la mesa es preferible a una noche de sexo con el más guapo del gimnasio. No necesitas nada para sentir que la alegría es como una manta en la que te envuelves.
No sé como ocurrió esto. No sé por qué le quise y le sigo queriendo tanto, pero es que "el amor con razones no es amor sino negocios"... No hacen falta razones. Ya nunca lo veré en mi puerta y le abrazaré en el pasillo oyendo latir su corazón. Ya nunca caminaré con él de la mano. Ya nunca iremos en el coche, el conduciendo y escuchando juntos la misma canción. Ya nunca le sentiré dentro de mí. Ya nunca nos comeremos la boca despacio, parando a mirarnos. Ya nunca me acariciaran sus manos. Nunca podré volver a cubrir su cuerpo de besos ni él el mío. Nunca pasaremos una tarde con música, almendras y cervezas... Si, por mucho que la razón me diga que eso no puede volver, mi corazón me dice que necesita desesperadamente que vuelva.
En estos días, asimilando un fin que no deseo, Entre los flashes del día que terminamos se cuelan recuerdos y duelen. Él cocinando en mi casa y yo de pinche, ver amanecer abrazados en la cama de una pensión, encontrármelo a la vera del río y tener que separarnos por que algo se estaba notando después de un beso, cogiéndome higos de las ramas donde yo no llegaba, sentarnos juntos en una roca deseando que no hubiera allí nadie más para rozarnos un poco, su cuerpo y el mío empapados del mismo sudor, una foto desde el monte con toda la equipación puesta, cuando dijo que se compraría una camiseta negra(que sé que no le gusta), su sonrisa cuando realmente estaba a gusto, la gata subida en él y él queriendo ser amable e incómodo a la vez, la otra gata que muerde y sus intentos por tocarla...La ilusión casi infantil con que cogió mi bici nueva para probarla... Son momentos de ternura que no paran de pasar ante mis ojos. La sensación de estar segura acurrucada contra él con mi cabeza en su pecho...Despertarme con el a mi lado, besar su espalda y separarme para no darle calor. Besar su cabeza y seguir hasta encontrar su boca. La relajación total de abandonarme a él... Todas las cosas que acabaron y las cosas que quedaron por vivir.
Necesito que vuelva todo eso pero no un sucedáneo. Si él no siente como yo, si me va a utilizar y a hacerme daño, prefiero que la historia acabe aquí, cuando los ratos buenos pesan mucho más que los malos; si no le voy a tener de verdad, que al menos no se enturbien más los recuerdos porque, algún día cuando ya no le quiera, recordaré este verano y quiero poder sonreír al ver nuestras fotos. Quiero poder preguntarme dónde estará y cómo le irá la vida, y desearle que haya encontrado la felicidad que yo no supe o pude darle, por mucho que eso fuera mi mayor deseo.
El titulo de esta entrada es una frase de una vieja película, en la que el protagonista decía "Como sea, donde sea, que tengas un buen día"