Por primera vez tal vez en años, me acabo de despertar cuando el mundo ya funciona a mi alrededor. Mientras escribo se oyen coches y gente en la calle y es claramente de día a pesar de los nubarrones que anuncian jueves de lluvia. Ayer decidí adherirme al movimiento "ponga Orfidal en su vida". Si no puedes vencerlos, únete a ellos; ya era como la única que no se dejó invadir en "los invasores de cuerpos". En esa película, llegan no se sabe de donde unas "vainas" que sustituyen a la gente mientras duerme; el sustituto tiene el físico y los recuerdos de la persona (cuyo cuerpo desaparece en el proceso) pero está libre de toda emoción, de manera que se forma una sociedad pacífica y equilibrada.
Bueno, os resumo mi experiencia. Ciertamente te quita la ansiedad, te empieza a dar todo más igual e incluso, con las emociones anestesiadas, piensas con más claridad. El problema está cuando le hablas a una amiga y, en vez de mandar whatsap, ésta inmediatamente te llama y te dice que dónde estás, que qué tal unas cervezas. Coges la bici y tiras para el bar. En el bar todo muy bien, hablas, cuentas, te cuentan, te ríes... Pero he aquí el problema; cuando cogí la bici para volver creí que no llegaba, era como si de repente hubiese perdido el sentido del equilibrio. Pensé "por caerme con una bici no me voy a matar, pero como me cruce con un coche probablemente sí", y me dio igual. Para eso sirven los remedios químicos que nos dan en esta sociedad cada vez más deshumanizada; para que todo nos de igual.
Me lo recetaron hace meses por un problema de salud, que llegó a hacerme decidir que si no tenía solución no quería vivir así. Cuando llegas a esa decisión y tus razones son sólidas, tienes muy claro que no cambiarás de opinión, y no es precisamente lo mejor tener eso en la cabeza para dormir como un lirón y que no aparezca la ansiedad. El problema tenía solución, y al saberlo desapareció la angustia y no necesité tomar nada. Pero ahí sigue la receta electrónica y tengo acumuladas como 4 cajas de las dichosas pastillas.
Yo que siempre quise probarlo todo, y siempre supe no quedarme pillada con nada, ya sé cómo vive toda esa gente. Están muy bien porque no sienten nada, y si con una no basta se las toman de dos en dos y les funciona. Están muertos en vida. Cada persona que te cruzas por la calle es una historia, con sus cicatrices del pasado y sus luchas del presente, pero muchos de ellos han olvidado que, para sentir de verdad todo lo bueno que ofrece la vida, hay que beber también la copa de dolor y angustia cuando nos toca. Yo decidí en su momento que si no podía seguir viviendo como lo he hecho siempre prefería no vivir, eso también fue rendirse. Sigo pensando igual, cuando ya no quieres lo que la vida ofrece es mejor irse, tal vez con la esperanza de que haya algo más allá; sería una agradable sorpresa encontrarme allí con tantos que se fueron antes. Pero mientras puedas seguir viviendo plenamente, mientras la salud acompañe, hay que seguir. No será mañana ni seguramente dentro de un mes, pero cuando esté preparada alguien vendrá a escribir nuevas historias en mi piel y darme ese calor que todos necesitamos.
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