8 may 2023

La buena cara

 Este blog siempre ha sido dejar por escrito mi vida y su banda sonora, y ahora la canción que suena en mis duras mañanas es la que hay al pie de esta entrada.

Te levantas y te vas a esa casa de locos que es mi centro de trabajo, a intentar enseñar a críos que también se han puesto la buena cara para que nadie sepa que les falta cariño, reglas de vida y a veces hasta lo más básico. Tú puedes escapar de allí, tener otro destino el próximo curso, o al siguiente, según tu suerte; pero al final te irás porque quieres y puedes irte. Ellos no pueden escapar del entorno social y la familia que les tocó... Igual que yo no pude escapar de la mía. Tal vez cuando crezcan salgan de ahí, pero llevarán siempre, como lo he llevado yo, el trauma de no haber sido ni queridos ni cuidados, y tal vez repitan, como lo hice yo, la historia con sus propios hijos. La repetirán porque nadie les enseñó como se ha de querer y cuidar a un niño, y aunque tengan buena fe lo pueden hacer muy mal.

Me pongo la buena cara porque no me queda otra que seguir, porque si me paro a pensar que la persona que me importa de largo más que yo misma, la persona a la que sería mi peor pesadilla sobrevivir, no quiere saber nada de mí, si me anclo en esa idea, no puedo seguir viviendo. Ya otras veces me dejó de hablar, otras veces perdí contacto, pero siento que esta vez es para siempre, y además con la noticia de que está enfermo; yo no podré estar a su lado para cuidarle, no me dejará.

Me pasé la vida trabajando para que no tuviese que pasar por lo mismo que yo, para dárselo todo y que pudiera estudiar y tener un futuro maravilloso. No me di cuenta de que no necesitaba eso, me necesitaba a mí porque no había nadie más, porque su padre era una mala persona que nos destruía a los dos.

Me pongo la buena cara y busco en mis pocos amigos el calor que saque los puñales helados que me están matando. Intento estar bien, ordenar mi vida y dejar de huir del dolor simplemente desconectando de la realidad. Demasiados meses ya he estado solo trabajando, o durmiendo o bebiendo.

Estoy intentando aprender a apreciar lo que tengo en vez de llorar por lo que no puedo tener. No puedo tener a mi hijo hasta que él recuerde que le quiero y que me quiere, así que me he sorprendido esta mañana cambiando el mal humor por cariño hacía esos críos que tanto lo necesitan. No puedo tener al hombre que quiero porque no existe, fue una idea que yo me creé y la persona real es un niño cruel que juega conmigo, que me hace sufrir por salirse con la suya y hacer lo que quiere, y luego vuelve a volverme a destrozar, así que me refugio en quien me desea y me da calor. No tengo una familia que me apoye, nunca la tuve, así que vuelvo a buscar consuelo en los amigos que ya otras veces estuvieron allí cuando todo se hundió... Y mientras camino con esas muletas, espero a que pase la tormenta y vuelva a salir el sol. A veces la única salida es la resiliencia, a veces no puedes hacer nada por cambiar lo que te pasa porque dejó de depender de ti o simplemente nunca dependió de ti.

Hay que ponerse la buena cara y buscar cada día, si razón no encuentras, la fuerza para seguir viviendo. Hay que ponerse la buena cara, no porque pienses que hay gente que está peor y no hay derecho a quejarse, sino porque es tu única posibilidad para no rendirte, para seguir esperando que vuelvan las ganas de vivir.

Esta canción habla de gente que está peor que yo, y aún así salen al mundo con una sonrisa.




6 may 2023

Siempre fuertes

 Hace unas semanas, quizá un par de meses, estuve con un amigo en su local de ensayo y me dio a conocer la canción que está al final de esta entrada. Hoy más que nunca necesito sentirme fuerte, porque creo que el próximo golpe no seré capaz de encajarlo.

Aquel día había quedado con él porque necesitaba el calor de un amigo, de alguien que sabes que te quiere bien, huyendo del dolor que me causaba la decepción y la ira ante la injusticia de la persona que yo quería con toda el alma, sin falsedad ni intereses, y que me rompió el corazón. Entonces, como hoy, sentía que había perdido a mi hijo y, como hoy, vivía luchando contra el problema de salud que me cortó las alas... o mejor dicho, me pinchó los ruedas. Pero hoy, además, sé que mi hijo se enfrenta a algo que puede ser mortal y justo ahora decide volver a echarme de su vida, porque cree que yo no acepto o incluso me repugna eso, que ahora no es mi hija sino mi hijo. Hoy me veo escribiéndole al único amigo suyo, amigo desde hace años, del que tengo el número, para rogarle que me diga cómo está. No puedo hacer nada para hacerle comprender que me da igual si es hijo, hija o las dos cosas, que yo le di la vida y daría la mía por él aun sabiendo que me odia.

Difícil es seguir fuerte, cuando la persona que quisimos nos engañó mil veces diciéndonos que nos quería y mil veces nos despreció sin más motivo que el creer que podía, porque el amor que le teníamos le aseguraba poder volver. Difícil ser fuerte cuando perdemos a la única persona que amamos más que a nosotros mismos porque cree que nos repugna la vida que eligió y no es verdad. Difícil ser fuerte cuando tenemos que elegir entre dejar nuestra casa y a los pocos que nos quieren o morir en la carretera... Las mismas carreteras que han marcado toda mi vida, siempre de aquí para allá a donde me mandaran a trabajar.  Es muy difícil ser fuerte cuando no encuentras motivo para seguir.

Cuando sea difícil ser fuerte, echa mano de tu orgullo, ponte en pie. Recuerda todo lo que creíste que no superarías y superaste en tu vida. 

Esta tarde en que siento que no quiero estar aquí ni un minuto más, me pongo en pie y seré fuerte, porque tal vez ese hijo que me niega la palabra pronto puede que me necesite y me necesitará fuerte, porque al menos sé de una persona que lloraría si yo no estuviera, y serían lágrimas sinceras... qué pena no poderle querer de otra manera, él si merece ese amor que no le puedo dar. Seré fuerte por mi hijo, por mi amigo y hasta por mis gatas, que no dejaré abandonadas a morir en la perrera o en la calle.

Hoy, tras saber que mi hijo está enfermo y que no quiere saber nada de mí, sin esperarlo y sin motivo, lo único que me pide el cuerpo a gritos es parar, irme de aquí, ver a mi mastín esperándome. Pero no lo haré. Me lavaré las lágrimas que apenas me dejan escribir esto, me vestiré y me pondré la sonrisa para salir a la calle.

Cuando sientas que no puedes más, recuerda lo que fuiste capaz de superar, las veces que te viste caído y te volviste a levantar, y sigue con la cabeza alta. Siempre fuertes.