1 feb. 2012

Racismo

Esta mañana ha sucedido en clase algo que me ha impresionado y dolido. Estabamos en tutoría y los crios me pregunta por qué un alumno absentista había recibido los libros gratis y la mayoría de ellos no, es un búlgaro que no ha venido a clase nunca. Les explico que cuando un menor no se matricula se le matricula de oficio, y la trabajadora social tramita esas ayudas. Bueno, ha sido como si hubiese estrellado en la pared un bial de nitroglicerina. Han empezado a gritar todos que los extranjeros debería quedarse en su tierra y cosas menos suaves, y resulta que tengo una niña maroquí en clase, que se ha puesto a llorar.
No ha hecho falta gritarles, no ha hecho falta amenazar con amonestaciones, les ha bastado verme la cara. El que empezó le pidió perdón, una niña que trata poco con ella se ha puesto de su lado, todos agacharon las orejas... Qué puta mierda es esto? Qué les estamos metiendo en las cabezas a estos crios?
La gente no tiene trabajo, del boom de la construcción sólo nos quedan deudas que no podemos pagar, y cinco millones de personas extranjeras en un país con cinco millones de parados. La lógica es aplastante, si no hay curro ¿Que hacen aquí? Pero una cria de catorce años no tiene la culpa ni de estar aquí, ni de la especulación inmoviliaria ni de absolutamente nada. Ella está donde la han llevado, como el resto, y no decide si se queda o se va.
No lo puedo soportar, me puede esa valentía que se saca de saberse respaldado por la mayoría, me jode profundamente la crueldad gratuita. Yo sé que el chaval que ha empezado se ha arrepentido, le voy conociendo y tiene buen fondo, pero las cosas que oyen en casa se les graban, y salen a la luz de golpe cuando menos te lo esperas. Cuando hablamos delante de nuestros hijos tenemos que medir las palabras, para ellos no hay matices, es blanco o negro, y si les inculcamos racismo lo llevarán al extremo.

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