2 abr. 2016

Unos versos para hoy

Hubo un tiempo en que, cuando estaba agobiada, mi refugio era este blog. Cuando escribía me pasaba como ahora en el gimnasio; sólo pensaba en lo que hacía en el momento.

Supongo que igualmente ni me reportarán beneficio alguno (ni el blog ni el gimnasio) ni son solución, porque mirar a otro lado no soluciona problemas. Pero tanto una cosa como la otra plantean retos, y yo teniendo una meta soy feliz.

Y, como es mi blog y divago si quiero ¿por qué es tan importante la procedencia de la felicidad?

Me explico. La sociedad (ese concepto raro referido a todos nosotros en general y que, paradójicamente, no representa a ninguno de nosotros) supone que quien cumple unos requisitos es feliz. Tiene que estar sano, tiene que ser guapo, tener pareja estable y guapísima, tener dinero, tener hijos llegada una edad... Yo me  pregunto por qué alguien no puede ser muy feliz aunque conviva con un mal físico, o sea desagradable de ver (término granaíno para l@s fe@s), no tenga pareja o su pareja sea desagradable de ver, o tenga lo justo para tirar adelante. Por qué cuando alguien que está en alguno de estos grupos (o sea todos nosotros) parece feliz la gente no se lo cree.

De mi primera verdadera amiga, que lo sigue siendo hoy día después de más de 30 años, aprendí que la felicidad está en el carácter de las personas igual que el valor y la fuerza de voluntad. No es triste morir si no es de amores, como dicen los versos de hoy; es triste vivir sin esperanza y sin objetivos. Si trasladas tu felicidad fuera de ti, haces de ella responsable a otro, le das el poder de quitártela. En un mundo al que llegamos solos y del que nos vamos solos, no es buena idea. 


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