15 jul. 2016

Quienes olvidan la historia corren el riesgo de repetirla... y la repetirán si les dejan

Ayer toco Belo en Murcia, en una terraza de verano bastante pija a la que yo no hubiera ido si no fuera por escucharle. Fantástico acústico, foto con el cantante como suelo hacer siempre, comentando de vuelta como mola la canción nueva (que pronto buscaré para compartirla aquí) y lo simpático qué habia estado Belo... Llego a casa, y en la tele veo que un tio ha usado un camión para atropellar cuanta gente a podido en un paseo muy concurrido de Niza y en ese momento se contaban ya más de 70 personas asesinadas. Digo asesinadas, no muertas. Ninguna de ellas murió de vieja o perdió la batalla contra una enfermedad o se resbaló en la ducha.

Fue en Niza, pero podía haber sido en cualquier parte del mundo. Podía haber sido yo a la salida del concierto, yo que sólo pienso en pagar mis facturas, el bienestar de las personas (y el perro) a quienes quiero y ser lo más feliz que pueda en el tiempo de vida que tenga por delante. Podía haber sido yo, que me dan igual todas las religiones y lo único que digo sobre ellas es que no pretendan controlar a la sociedad ni que la sociedad las sostenga, que son cosa de sus creyentes y para sus creyentes deben quedarse. Podía haber sido yo, que estoy en contra de todas las guerras y creo que todos los seres humanos tienen derecho a ejercer la soberanía del territorio donde viven y decidir entre todos democráticamente lo que se hace en ese territorio. Yo, para los terroristas, merezco morir. Tú que estás leyendo esto, si no eres un fanático religioso seguidor de estos asesinos, para ellos mereces morir. Tú, y yo, y todos, somos enemigos de estos productos de la ignorancia que viven en su mundo de fantasia y esperan llegar a su paraiso lleno de vírgenes esclavas (¿Es también un paraíso para las vírgenes?) mediante volarse a sí mismos en pedazos.

No pueden ni acercarse a sus auténticos enemigos. Aquellos que encendieron la mecha financiando fanáticos, e interfiriendo en países ajenos para robar sus recursos, están muy bien protegidos. La gente corriente que ahora está currándose su interminable jornada laboral, o cambiándole los pañales al crio en su piso de 50 metros, o conduciendo de camino al hiper o pintando su salón o barriendo las calles o en el gimnasio de su barrio... Esa gente está a su alcance. Lo de ayer fue un paso adelante de extrema gravedad; demostraron que cualquier cosa puede ser un arma y las van a usar contra nosotros, como quien mata las cabras del vecino porque con el vecino no puede.

Este camino lleva a convertirnos a todos en el enemigo, y que como enemigos los veamos. Esto da argumentos a la extrema derecha y hace que la gente preste oidos a estos argumentos; esto hará que la gente empiece a pensar que tenemos el enemigo en casa, y que hay que echarlo. Cualquier musulmán será el enemigo como cualquiera de nosotros lo somos para los terroristas islámicos. A partir de ahí viene el fascismo extremo, el genocidio y la guerra.

Esto no se arregla convocando el pacto antiterrorista ni haciendo ningún consenso para ponerlo en un marco. Hay que buscar las raices de lo que pasa y tomar las decisiones necesarias aunque impliquen contradecir a las compañias petroleras o enfrentarse a países "amigos" como Arabia Saudita.

Nos enfrentamos a un movimiento fanático y asesino como no ha habido otro desde la Iglesia Católica en tiempos de la "Santa" Inquisición, esto no va a desaparecer sólo por arte de magia. La última vez que algo así ocurrió, hizo falta la Segunda Guerra Mundial para erradicarlo, y de esa guerra todavía hoy se pagan las consecuencias.

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