6 nov. 2014

Poetas y poesía

Siempre digo que robo la poesía... que la cojo prestada. Hubo un tiempo, hace ya mucho, en que también intenté crearla yo, pero no se me da bien.

Para escribir hay que sentir, y mostrar lo que sientes. Es la forma más difícil de desnudarse, porque cuando muestras tu cuerpo no es a ti lo que los demás ven, que va. Es sólo piel sobre hueso, igual que millones de pieles que cubren millones de huesos. En tu cuerpo nadie verá ni tu debilidad, ni tu deseo ni tu pena; sólo piel, clara o oscura. 

Cuando escribes sobre los demás sólo describes lo que ves, y aunque el cristal a través del que miras da una imagen sólo tuya, no deja de ser algo que está fuera de ti. Te puede rozar por dentro lo que ocurre a quien te importa, pero sigue sin ser tú, sigue sin ser tu alma lo que desnudas; te asomas a través de tus ojos, pero sigues escondiéndote dentro.

Cuando escribes sobre ti sales del confortable rincón donde te escondes, y si dices que amas, o que odias, o que sufres o que estás llena de alegría, te desnudas, das a los demás la información que les servirá para aprovecharte de que les amas, para devolverte el odio, para hurgar en tus heridas o para acabar con tu felicidad. Desnudarse por dentro es siempre un peligroso acto de valentía... y de irresponsabilidad.

Me alegro de que haya gente valiente que pone palabras, y música, a lo que yo siento y jamás expresaré. Lo que sentimos y pensamos cambia, a veces en un día, a veces después de años, pero siempre cambia; y siempre hay una canción que dice aquello que nosotros no vamos a decir.

Y esta entrada va dedicada a mi poeta favorito, a Kutxi Romero, ese que hizo un himno para los perros verdes. Parece una expresión de desafiante libertad, pero yo creo que no lo es. Para mí esta canción dice muchas cosas; es el sentimiento de alguien que quiere encontrar la paz junto a otra persona que no acepta (ni perdona) su pasado, que se alejará por lo que has sido sin darte la oportunidad de ser otra cosa: "soy el pellizco pa cuando te olvidas de que soy el perro verde", es un grito en contra de la hipocresía que juzga y condena, que levanta muros y al final "no pude juntar el agua con aceite", la conciencia de estar condenado sin derecho a defenderte: "me fumé el corazón, me bebí la razón, y no volveré a verte". Es saber que no eres válid@ para la persona que amas, y que da igual lo que hagas, nunca lo serás, porque lo que te hace indeseable ya está escrito, y como da igual lo que hagas te lanzas de cabeza a las mismas cosas que te sentencian, pensando qué más da si no hay opciones. Si la escacháis mirando a través de ese cristal, tal vez os suene diferente.




Pero hay otra canción que hay que saber escuchar para captar su mensaje. Para mí expresa el deseo de respetar la libertad del otro para que no sienta las cadenas y no desee romperlas. Es esa conciencia de que quien amas está contigo pero no te pertenece, aunque sabes que tú jamás ya desearas la libertad que a él le entregas. Es ese amor profundo y sincero que lo único que pide es que le quieran, sin títulos de propiedad. De esa canción me quedo con estos versos:


"Ojalá me quieras libre" tiene dos lecturas. Una es quiereme pero dejame volar, otra es te dejo volar, pero sigue queriéndome. Bueno, tal vez el amor sea esa gran mentira que siempre deja regusto amargo y siempre decepciona, pero inspira las mejores canciones de mis poetas, de los trobadorers de contenedor, en palabras de Kutxi.


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