24 nov. 2014

Puertas al campo y leyes al corazón

Los 45 minutos que tardo del trabajo a casa van a ser fuente infinita de cuelgues mentales. A los que leáis este blog, que salvo un par de excepciones sois gente que no conozco, os diré que lo que escribo no pretende sentar cátedra ni nada parecido. Sólo son cosas que pienso en esos ratos, conduciendo, esperando o hablando con la gente.

Os habrá pasado alguna vez que sin esperarlo os paráis con amigos o compañeros, o con vecinos, a tomaros una cerveza... Y la cerveza termina al día siguiente a la luz del Sol. En mi última casa de Almería, donde más años estuve, había una especie de pueblecito pequeño totalmente dentro de la ciudad. La gente se bajaba al parque cada tarde y pasaban las horas hablando entre ellos, mientras los críos jugaban al rededor. Recuerdo un día que no se cómo, pero uno bajó una barbacoa, todos bajamos cervezas y allí estábamos, en mitad de la ciudad bebiendo, comiendo y riendo. Bueno, pues cosas parecidas me han pasado muchas veces. Hago memoria y las mejores noches de mi vida nunca fueron planeadas.

He de decir que a mí no me hace falta mucho para apuntarme a una juerga, si me gusta la compañía me puede pasar aquello de "no estaba muerto, estaba tomando cañas" como dice la canción.

Igual pasa con las relaciones. No planificas con quien estarás ni por cuanto tiempo, simplemente deseas estar con una persona y quedas una vez, y otra, y otra... y cuando te das cuenta es toda tu vida. Si tu corazón te guia limas asperezas, vences dificultades, superas los caracteres distintos y enfrentados con cariño; te adaptas sin darte apenas cuenta al otro, y el otro se adapta a ti por las mismas razones.

Así se explica por qué parejas ideales acaban en cruentos y prematuros divorcios. Esa típica asociación de guapos triunfadores no vale nada si no hay amor de verdad, y el amor no se planifica. Es sordo a las razones y las conveniencias. No entiende de ventajas, ni de aceptación del entorno ni de niveles de vida. Quien pretenda buscar una buena pareja para completar su buen trabajo y su buena casa, puede luego encontrarse con que no le llena, con que no hay ternura ni complicidad ni alegría en su perfecto hogar.

Yo creo que cuando te llega el amor, como cuando se te presenta una juerga, solo debes vivir el día a día, y una cosa traerá otra y tal vez dentro de treinta años sonrías recordando aquel rollo que duerme a tu lado cada noche sin que nunca lo planearas... o al menos podrás recordar el tiempo, corto o largo, que fuiste feliz. Yo creo que es algo precioso y muy raro que ocurre muy pocas veces.
 

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