9 jul. 2014

A la vejez paperas

Con mucho calor y después de un zafarrancho de limpieza de baños, me siento delante de mi pc a estudiar. No es que a mi edad ande sacandome el graduado en ESO, ni haciendo una tesis (no tuve ni tiempo ni dinero), ni quiera preparando oposiciones, no. Estudio inglés.
No recuerdo que haya existido en mi vida un solo momento en que mi principal preocupación no fuera ganar dinero, aún cuando otros problemas se me sumaban ese siempre era el primero de la lista. Con 14 años empecé cuidando críos, y hasta el día de hoy sigo trabajando, y ni siquiera he cotizado suficiente para asegurarme una buena pensión. Si difícil es encontrar trabajo, más aún es encontrar uno en que te aseguren.
Me gustaría haber conseguido una plaza fija y poder pasar mis días sin hacer otra cosa que currar mis horas y a continuación olvidarme de eso y pensar sólo en mis cosas, en mi familia, mis amigos, mis aficiones o incluso en el amor, pero no, aquí estoy en esta tarde de julio, lejos del mar y disponiéndome a hacer lo que debo para seguir, un poco más, con la cabeza fuera del agua.
Resulta que han decidido que los profesores debemos ser capaces de dar clase en inglés o francés, que los alumnos deben tener el idioma incorporado en todas las asignaturas. Esto supone un sobreesfuerzo para el estudiante, así que se supone que en los cursos bilingües sólo deben estar aquellos con capacidad y disciplina suficientes. Os voy a dar una noticia; no es así en la realidad. Muchos padres se empeñan en que sus hijos estén sólo porque saben que en esos grupos hay menos niños conflictivos y la enseñanza que recibirá el chaval será, por tanto, mejor. Es la misma razón por la que los meten en centros privados o concertados. En estos centros supuestamente puede estudiar cualquiera, pero lo cierto es que rápidamente se libran de aquellos que molestan en clase; esos los tenemos concentrados en los públicos, donde los teóricos de la pedagogía han conseguido terminar con la disciplina y hacen sus normas desde los mundos de Yuppi.
La enseñanza estera está en manos de pseudointelectuales del buenismo, que debieran buscar el conocimiento tiza en mano, no filosofando desde sus despachos. Se ve que tanto como saben y sin embargo olvidaron estudiar filosofía, por eso ignoran que el conocimiento teórico ha de pasar la prueba de la experimentación. Sin esto, seguiríamos pensando que todo está hecho de cuatro elementos básicos (agua, tierra, fuego y aire). En su universo de fantasía, que está haciendo ya daño a varias generaciones, nuestros hijos no son responsables de nada, es el profesor quien debe motivarles. Me gustaría saber como se motiva a alguien a aprender la tabla periódica de los elementos, por ejemplo, y a ver con que razonamiento unimos número atómico y nombre, cuando los nombres son totalmente arbitrarios, relacionados con quien los descubrio, por ejemplo. Para aprender algo así, puro esfuerzo de memorización, sólo nos vale el esfuerzo del alumno, así que supongo que según ellos nuestra civilización debe ir pensando como sobrevive sin químicos.
Otra buena cosa es la "diversificación curricular", invento que estaría bien si se hiciera para los que fue creada. Se supone que los alumnos cuya capacidad es limitada, o que por circunstancias no tienen una formación suficiente, pueden obtener el graduado con un plan de estudios mucho más sencillo. Una condición necesaria para que el alumno entre en diversificación es que esté dispuesto a esforzarse. Bueno, la realidad es que la condición es que no haya suficientes alumnos para formar el grupo, entonces van de cabeza a diver todos los que lo solicitan, y si hacen imposible el progreso de los que sí dan el perfil pues mala suerte. Así nos encontramos que los supuestos alumnos con dificultades pero deseos de aprender son en realidad chavales más listos que el profe pero que no están dispuestos a dar un palo al agua.
Con un fracaso escolar que asusta, y un sistema que hace aguas, nuestros queridos pedagogos siguen filosofando y deciden que hay que hablarles en inglés, pues nada, estudiando estoy a estas alturas. A la vejez, paperas.

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