10 sept. 2012

A los portugueses les bajan el sueldo, a los griegos los matan de hambre y a los españoles…


Nada más y nada menos que un 7% bajarán los sueldos de todos los trabajadores, sin excepción, del estado portugués. Lo anunciaba el primer ministro conservador Pedro Passos Coelho y utilizaba para ello la televisión pública en horario de máxima audiencia, justo antes del partido de fútbol -¡cómo no!- que enfrentaba a Portugal con Luxemburgo. ¿Lo hacía en ese momento para que todos sus conciudadanos se enterasen o es otro como nuestro presidente, de los que usan el fútbol y los toros para anestesiar a la población?
Da igual, porque el resultado para los lusos fue el mismo y si entraron en coma durante la emisión del partido, ya han tenido tiempo de asumir lo que realmente se les viene encima y que no es más que un anuncio de lo que, según todos los indicios, acabará también por suceder a los españoles con toda probabilidad en menos de un año.
Passos Coelho es el alumno aventajado de la Troika, ese ‘chico’ modélico que se pone de ejemplo. Ha ‘hecho los deberes’ como diría Merkel, con una dedicación casi preciosista y, sin embargo, a pesar de cumplir escrupulosamente con todas las exigencias y macroajustes, con todos esos recortes que asfixian a los portugueses, ‘no le ha quedado más remedio’ que bajar el salario a toda la población. Aún así, el primer ministro portugués no ha dudado en afirmar que no sabe si después de todo, el país conseguirá eludir la quiebra. ¡Vaya, una joya la Troika, trazando planes!
Ahora le toca a España, después de una Grecia a la que están pulverizando sin contemplaciones y un Portugal abocado al desastre. Nosotros somos los siguientes en eso del rescate y Mariano Rajoy ya comienza a hablar de los durísimos ajustes, por si los anteriores no nos lo habían parecido lo suficiente, que tendremos que aceptar.
Llegan tiempos peores y se necesita un cambio de Gobierno, ante la inutilidad de uno cuyos mejores planes se basan en que sigamos la senda de nuestros vecinos más martirizados. Para descalabrarnos no necesitamos asesores.

 

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