7 ene. 2013

Se reduce el consumo de alimentos en España

La cesta de la compra es la última frontera del gasto familiar que ha traspasado la crisis. Antes han caído ya otras partidas más prescindibles. La adquisición de un automóvil pasa por ser una de las decisiones más costosas en muchos hogares y fue una de las más afectadas nada más estallar la Gran Recesión. El año pasado apenas se vendieron 700.000 coches, menos de la mitad que en 2008.
Como ocurre en todos los mercados, cuando no hay más remedio que cambiar de coche, se opta por la opción más barata: en octubre se vendieron cuatro turismos usados por cada uno nuevo, cuando en 2007 la relación era de uno a uno. En paralelo, cae también el consumo de gasolina y gasóleo (hasta noviembre de 2012, un 6% menos que el año anterior), que ya está en niveles de 1997.
El gasto familiar en vacaciones aguantó algo más, pero en 2012 el turismo nacional también encajó números rojos. El número de pernoctaciones hoteleras de residentes españoles descendió un 8,2%, en nítido contraste con el turismo extranjero, que se apuntó un incremento del 2,3% en pernoctaciones hoteleras.
La debilidad del consumo ha llegado incluso a móvil, un producto que ha cosechado un éxito espectacular en la última década. 2012 fue el primer año en el que la telefonía celular registró una caída significativa, con cerca de dos millones de líneas menos (hasta las 56,4 millones), según los datos que maneja el sector.

El sector alimentario ha sido tradicionalmente uno de los más resistentes a la crisis, por motivos obvios: se pueden renunciar a las vacaciones o a renovar un automóvil, pero, con más o menos caprichos, las compras de alimentación siguen realizándose. Aunque esta crisis ha enseñado a los consumidores españoles a buscar los precios más baratos el tirón que supermercados de precios más bajos (los llamados discounts, en la jerga de la distribución, como Mercadona o Dia) ha presionado a la baja los precios.
También los alimentos más baratos resisten mejor la crisis que los caros. Los datos de octubre muestran cómo la caída del consumo de aceite de oliva (15,7%) contrasta con la subida de la variedad de girasol (1%); también cómo muchos hogares han renunciado al vino (han bajado un 9,4% los vinos sin burbujas y un 9,8% los espumosos).
Las empresas españolas han cerrado otro año con facturación global a la baja. A falta de los datos definitivos, el director general de la Federación de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB), Horacio González, explica que “en 2011 el sector vio una caída del valor del 1,3% y esperamos algo similar en el cierre de 2012”. Aun así, admite que el ejercicio recién acabado “ha sido muy extraño, muy desigual, las empresas coincidían en que el verano ha sido bueno pero al acabar se ha notado un bajón”.
González advierte, en cualquier caso, de que el de la alimentación sigue siendo el sector que mejor aguanta los vaivenes del consumo, aunque no es inmune a la duración de esta crisis. Y 2013 será duro porque el poder adquisitivo de sus potenciales clientes caerá: la subida de precios (por el alza de las tarifas reguladas y de los impuestos) y el frenazo o merma de los ingresos de los españoles (sin contar las rebajas salariales de empresas privadas, los funcionarios tienen el sueldo congelado y la pensión de los jubilados crecerá entre 1% y un 2%).

Ahora los políticos dirán que hemos comido por encima de nuestras posibilidades y propondrán darnos pienso a base de restos triturados de sus banquetes.

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