13 jun. 2014

Locura transitoria

No es muy romántico lo que voy a decir, pero todo eso que sentís, todo eso que decís, lo que os provoca una canción o un aroma; todo, absolutamente todo lo que se os remueve por dentro cuando os enamoráis es efecto de pequeñas y puñeteras moléculas que segrega vuestro cerebro sin pediros permiso.

Actúan como verdaderas drogas que perturban vuestro juicio y os empujan a hacer cosas irracionales buscando el placer que os provoca la compañía del otro, al tiempo que os elevan la libido a niveles sólo propios de adolescentes, y el ser conscientes de ello de nada os vale, como tampoco le vale a un drogadicto ser consciente de su adicción. Como toxicómanos podéis llegar a aferraros a aquello que os destruye. Sólo hay una diferencia, pero muy importante. Mientras que el que fue adicto a cualquier sustancia siempre lo será, y sólo el mantenerse lejos de ella le permite vivir como persona sana, el que se enamoró puede dejar de estarlo.

He conocido personas que estaban enamoradas de alguien durante años sin estar juntos, incluso sin nunca haber estado juntos. Afortunadamente mi cerebro no funciona así, yo necesito el roce. Puedo querer a alguien que esté lejos si me corresponde también, durante un tiempo, pero no me veo capaz de amores platónicos.

Pues bien, la sustancia que nos causa ese tremendo síndrome de abstinencia y ese bienestar cuando estamos en esa etapa de "imbecilidad transitoria" es la  feniletilamina, curiosamente la misma responsable de la fidelidad de un perro a su amo.

 Durante un tiempo nuestro cerebro va disfrutando y enganchándose al placer que nos provoca. Normalmente, si las cosas nos van bien, al cabo de entre seis meses y dos años volvemos a la normalidad de forma espontánea, y entonces pueden ocurrir dos cosas. La primera es que la persona nos atraiga físicamente y nos guste mentalmente, que hayamos acumulado buenos recuerdos, cariño, empatia; entonces esa persona es ya parte vital de nosotros, y aunque se nos crucen otras esa unión podrá más. La segunda es que no nos sintamos ya a gusto a su lado pasado el subidón, entonces se acabó la historia, por lo menos la historia de amor.

Algunas personas van por la vida buscando siempre ese subidón, y para mantenerlo cambian constantemente de pareja, dejando a quienes les podrían hacer felices para seguir buscando su droga.

Se hacen muchas tonterías por amor, se aguantan muchas cosas, se cree lo más absurdo y se rechaza la verdad. Se sufre lo indecible a veces; pero lo que de verdad merece la pena es que pasado ese tiempo de locura transitoria te des cuenta de que quieres quedarte justo donde estás.
Buenas noches, mundo. 

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